11 mayo, 2026
Portal del norte- El Matancero

El gobernador bonaerense participará de un congreso sindical en La Falda. Busca acercar posiciones con Llaryora y nacionalizar su gestión en el distrito más esquivo para el peronismo.

Ante el recrudecimiento de la crisis económica y el desgaste de la gestión libertaria, el peronismo ha iniciado una ofensiva de seducción sobre el «cordobesismo» de Martín Llaryora. El movimiento tiene dos frentes: por un lado, el gobernador Axel Kicillof busca consolidar su perfil nacional con una visita presencial; por otro, el naciente Peronismo Federal intenta tender puentes a través de intendentes del interior para conformar una alternativa «anti-K» que resulte digerible para la región centro.

El desembarco de Kicillof en La Falda este viernes, bajo el auspicio de Héctor Daer (Sanidad), marca un hito en su estrategia de construcción federal. Aunque su relación con Llaryora es fluida y basada en la colaboración técnica de los últimos años, el bonaerense enfrenta el desafío de superar el alto nivel de rechazo que el kirchnerismo cosecha en la provincia. En su entorno son optimistas: creen que el rol de Kicillof como principal opositor a Milei puede empezar a «perforar» el prejuicio cordobés, apoyándose en la estructura sindical como puerta de entrada.

En paralelo, el sector del Peronismo Federal lanzado en Parque Norte —liderado por figuras como Victoria Tolosa Paz— busca interpelar al peronismo cordobés desde una identidad no kirchnerista. El dato político relevante de este espacio fue la presencia de una treintena de intendentes cordobeses, como Gisela Barrionuevo (Santa Eufemia), quienes destacaron la necesidad de una «reconversión» del movimiento. La estrategia aquí es clara: ofrecer un contenedor político donde el cordobesismo pueda confluir sin sentirse absorbido por la estructura de La Cámpora o el Instituto Patria.

La gran incógnita sigue siendo la postura de Máximo Kirchner, quien se muestra reticente a un frente de «todos contra Milei». Sin embargo, el pragmatismo parece ganar terreno en las bases: la dirigencia entiende que, sin hacer pie en Córdoba y sin sumar al peronismo anti-K, las chances de recuperar el poder en 2027 son escasas. Llaryora, mientras tanto, permite el juego de sus intendentes, manteniendo una distancia prudencial que le permite observar cómo se reconfigura el tablero nacional mientras el Gobierno central siente el impacto de la crisis en sus propios bastiones.

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