Cuatro adolescentes confesaron haber participado en el asesinato de Pedro Barboza. Tres de ellos quedaron con prisión preventiva en Benjamín Paz. Durante el proceso, surgió un trasfondo de presunto abuso que habría motivado el violento ataque.
El asesinato de Pedro Solano Barboza (72), el jubilado hallado sin vida en su casa de calle Bolívar al 700 en Tafí Viejo, tomó un rumbo inesperado y sombrío. Tras la presentación espontánea de cuatro adolescentes de entre 15 y 17 años en la comisaría de Los Pocitos, la Justicia dictó la prisión preventiva para tres de ellos. Lo que comenzó como una investigación por homicidio en ocasión de robo derivó en el hallazgo de una trama de abusos de larga data: uno de los acusados habría manifestado que la víctima lo sometió sexualmente cuando tenía 11 años, una declaración que ahora es eje central de las pericias.
El hallazgo del cuerpo de Barboza, ocurrido el pasado jueves 16 de abril, reveló una saña extrema. La autopsia confirmó fracturas en el rostro y múltiples hematomas. Aunque en la vivienda faltaban un televisor y un celular, la falta de ingresos forzados llevó a los investigadores de Homicidios a sospechar del entorno de la víctima. Finalmente, el sábado por la noche, los jóvenes confesaron su participación y entregaron el televisor sustraído, que habían arrojado a un canal.
El juez Federico Moykens ordenó el traslado de los tres jóvenes de 16 y 17 años al Instituto Cura Brochero por el plazo de tres meses. El menor de 15 años fue declarado inimputable y entregado a sus padres. Según los informes vecinales, Barboza solía recibir a jóvenes desconocidos en su domicilio, una conducta que, sumada a las declaraciones de los imputados, refuerza la hipótesis de reuniones pactadas a cambio de dinero.
La defensa de los menores, a cargo de la abogada Julieta Jorrat, y el Ministerio Público Fiscal coinciden en que la investigación debe profundizarse. Mientras la familia del jubilado exige justicia y rechaza las versiones sobre abusos, la Justicia analiza lesiones en uno de los menores que podrían ser heridas defensivas, intentando reconstruir qué pasó realmente dentro de esa casa antes del desenlace fatal.
Por ahora, la carátula se mantiene como homicidio en ocasión de robo, pero los peritajes psicológicos y las pruebas genéticas en las prendas secuestradas serán determinantes. El caso no solo expone la inseguridad en la zona, sino que reabre un debate profundo sobre la vulnerabilidad y el silencio detrás de delitos de integridad sexual.
