11 mayo, 2026
instalaciones-crianza-vacas-1200x793

El promedio por habitante se desplomó a 47,3 kilos anuales en marzo. El informe de CICCRA advierte que el precio del animal en pie alcanzó su máximo en 15 años y cortes como el asado subieron casi un 69% en el último año.

El asado y los cortes tradicionales se alejan cada vez más de la mesa familiar. Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo aparente de carne vacuna sufrió un derrumbe del 10% interanual durante el primer trimestre de 2026. Esta retracción histórica llevó el promedio de consumo por habitante a apenas 47,3 kilos anuales, una cifra que refleja el impacto directo de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo en el sector cárnico.

La dinámica negativa se explica por una combinación de factores económicos y productivos. El precio del animal en pie alcanzó, entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, su nivel más elevado en los últimos 15 años. Este incremento se trasladó de forma agresiva a las carnicerías y góndolas, donde el INDEC registró alzas interanuales de hasta el 68,9% en cortes populares como el asado.

En cuanto a la actividad industrial, el panorama no es más alentador. La faena vacuna en marzo apenas alcanzó las 1.029.000 cabezas, situándose como una de las cifras más bajas de las últimas décadas para este mes.

Producción en baja y mayor peso animal

A pesar de que en marzo hubo un ligero repunte del 3,3% en la producción de carne res con hueso (243 mil toneladas), esto no se debió a una mayor cantidad de animales, sino a un mayor peso promedio de los ejemplares enviados a frigorífico.

Sin embargo, al analizar el trimestre completo, los números vuelven a ser rojos:

  • Producción total: 700 mil toneladas en el trimestre.
  • Caída trimestral: -5,1% respecto al mismo período de 2025.
  • Faena interanual: Registró una disminución de casi 2.000 animales en la comparación directa con marzo del año pasado.

El factor precios

El informe económico de CICCRA advierte que el proceso de «recomposición de precios» ha sido el principal motor de la caída del consumo. Con los precios relativos en máximos históricos, la carne vacuna ha dejado de ser la opción de proteína más accesible, obligando a los consumidores a volcarse hacia alternativas como el pollo o el cerdo, o simplemente a reducir las porciones.

La industria cárnica enfrenta así un escenario de debilidad estructural. Con una faena en niveles mínimos y un consumo interno que no encuentra piso ante los constantes aumentos, el sector mira con preocupación la evolución de los costos y la capacidad de pago de un mercado doméstico que, mes a mes, retira la carne vacuna de su dieta diaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *