La justicia federal determinó la responsabilidad de Vega en la alteración del estado civil de las víctimas. El fallo también ordenó medidas de reparación integral y el acompañamiento psicológico para los hermanos.
El Tribunal Oral Federal de Tucumán condenó a 12 años de prisión al excapitán de inteligencia del Ejército Carlos Alberto Vega por su participación en la sustracción, retención y ocultamiento del nieto recuperado N°128, Marcos Eduardo Ramos, y de su hermano Elías Ismael Suleimán. Además, fue hallado responsable de haber hecho incierto o alterado el estado civil de ambos, hechos considerados crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura.
El tribunal, integrado por las juezas Ana Carina Farías y Cristina Edith Giordano, junto al juez Federico Bothamley, resolvió que la pena deberá cumplirse en arresto domiciliario con monitoreo mediante dispositivo electrónico, a pesar de que el Ministerio Público Fiscal había solicitado una condena de 17 años de cumplimiento efectivo en prisión.
El fallo también dispuso que se garantice la continuidad de los tratamientos psicológicos de ambas víctimas y solicitó al Ministerio de Justicia de la Nación que gestione las medidas previstas en las leyes reparatorias. Los fundamentos de la sentencia se darán a conocer el próximo 26 de agosto. En su resolución, los jueces destacaron que la identificación de personas apropiadas es una obligación permanente del Estado argentino.
El caso se remonta a diciembre de 1976, cuando Marcos Eduardo Ramos, de cinco meses, y su hermano Elías Ismael Suleiman, de 8 años, fueron secuestrados en una vivienda de San Miguel de Tucumán. Su madre, Rosario del Carmen Ramos, permanece desaparecida. Tras el operativo, los niños fueron separados y trasladados a distintos destinos. Mientras que Elías logró escapar a los 8 años y buscar a su familia, Marcos fue entregado a un agente civil de inteligencia e inscripto ilegalmente con otra identidad.
Recién en 2018, Marcos pudo recuperar su identidad materna, y en junio de 2026, estudios de ADN confirmaron su vínculo paterno con Pastor Dante Campos, completando así la reconstrucción de su identidad biológica tras casi 50 años. Durante el juicio, el fiscal Pablo Camuña remarcó la importancia del reencuentro de los hermanos después de cuatro décadas y calificó la separación y el destino dado a los niños como una «distribución como si fueran un botín de guerra».
