Tras 13 meses de bajas consecutivas, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) advierte que la demanda se volvió «más selectiva». Pese al crecimiento del comercio electrónico, el sector no logra revertir la tendencia negativa frente a la pérdida del poder adquisitivo.
El sector comercial minorista atraviesa un período crítico en 2026, acumulando una retracción del 3,1% en el primer semestre. Según el vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Salvador Femenía, la persistencia de los factores económicos negativos ha consolidado una tendencia de caída que ya suma 13 meses ininterrumpidos. En un contexto donde las familias priorizan la compra de bienes básicos y buscan marcas alternativas, el consumo minorista se ha transformado en un mercado «más selectivo», donde incluso la canasta alimentaria refleja indicadores negativos.
LOS EJE DE LA CRISIS PIME
El relevamiento de CAME pone de relieve los desafíos que enfrentan los comercios tradicionales:
- Tendencia persistente: Tras un alza mensual mínima del 1,2%, el interanual mostró una caída de igual magnitud, confirmando que la recuperación es, por el momento, inalcanzable.
- Cambios en la conducta: El consumidor prioriza lo «justo y necesario», migrando hacia marcas más económicas y reduciendo el volumen de compras ante la imposibilidad de llegar a fin de mes.
- Comercio Online: Si bien el canal digital registró un crecimiento del 15% interanual en los comercios físicos encuestados, este repunte no alcanza a compensar la fuerte retracción de las ventas presenciales.
- Perspectivas: El sector mantiene una visión moderadamente optimista de cara al segundo semestre, condicionada exclusivamente a una mejora en el poder de endeudamiento y la confianza de las familias.
La transformación del hábito de consumo
El crecimiento del canal digital responde a un cambio profundo en los hábitos de consumo. Femenía explicó que, si bien las plataformas han ganado protagonismo, las mediciones se vuelven complejas debido a una «migración hacia otros tipos de gastos» por parte de los consumidores. Ante esta realidad, los comercios tradicionales se encuentran en un proceso de adaptación constante, intentando redefinir sus estrategias para sobrevivir en un mercado donde la estabilidad parece un horizonte lejano.
Demanda de soluciones de fondo
Para el sector, la salida no vendrá de incentivos gubernamentales directos, sino de una mejora en las condiciones macroeconómicas que impactan en los hogares. «Es importante que se modifiquen los contextos que generen más confianza», sostuvo el vocero de CAME. La prioridad para los comerciantes es que se aborde la situación de endeudamiento familiar, factor que hoy actúa como el principal freno para cualquier intento de reactivación. La esperanza del empresariado pyme está puesta en una mejora de las condiciones financieras durante el segundo semestre, aunque reconocen que, sin cambios estructurales, la selectividad de la demanda seguirá siendo la regla general.
