11 mayo, 2026
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La inflación fue del 2,6%, pero el 52% de las familias debió eliminar comidas para llegar a fin de mes. El 88% usa la tarjeta o el fiado para el súper.

La inflación de abril registró una desaceleración estadística, pero lejos de representar un alivio, refleja la cara más amarga de la recesión. Según el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó un 2,6%, marcando una baja respecto al mes anterior. Sin embargo, este freno en los precios no responde a una mejora estructural, sino a un desplome del consumo y al deterioro del poder adquisitivo: más de la mitad de los hogares (56,8%) no logró cubrir la canasta básica alimentaria durante el último mes.

El informe, basado en una encuesta a 2.500 hogares de la provincia de Córdoba, arroja cifras alarmantes sobre la vulnerabilidad social. Para una familia tipo de cuatro integrantes, la Canasta Básica Total (CBT) —que marca la línea de pobreza— se ubicó en $1.876.722, mientras que la alimentaria (CBA) rozó los $1,03 millones.

Incluso entre aquellos que lograron cubrir sus necesidades alimentarias, la dependencia del Estado es casi total: el 71,4% necesitó asistencia estatal (AUH o programas alimentarios) para completar sus ingresos.

Vivir a crédito y saltear comidas

La estrategia de supervivencia de las familias se divide entre el endeudamiento y la privación física:

  • Deuda por comida: El 88% de los hogares recurrió al crédito, el «fiado» o préstamos personales para comprar alimentos. El sistema muestra signos de saturación con tarjetas al límite y un aumento de la morosidad.
  • Hambre y recortes: El 11,4% de los encuestados redujo su ingesta a una sola comida diaria, mientras que más de la mitad (52,8%) recortó porciones o eliminó la cena.
  • Caída del consumo: Las ventas en comercios minoristas de alimentos cayeron un 8,5% interanual en volumen, confirmando que la gente no solo elige marcas más baratas, sino que compra menos cantidad.

La inflación acumulada en lo que va de 2026 ya alcanza el 12,1%, superando en tiempo récord la meta prevista en el Presupuesto oficial para todo el año. Mientras tanto, el salario real no logra recomponerse; según datos del INDEC, el poder adquisitivo formal perdió casi un 9% en el último trimestre, y se espera que las cifras de marzo y abril profundicen esa brecha.

El escenario configurado por el IETSE plantea que la narrativa de la «estabilización económica» pierde peso frente a la realidad del mercado interno. Con un consumo doméstico en picada y familias asfixiadas por deudas para cubrir lo básico, la desaceleración de la inflación aparece más como un síntoma de la recesión que como un éxito de la política económica.

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