Un informe del CEPA revela que las familias recurren al endeudamiento no por expansión del consumo, sino para afrontar el costo de vida y los tarifazos, en sintonía con el panorama crítico del Norte Grande.
En un contexto nacional signado por la erosión del poder adquisitivo y el incremento de las deudas familiares, el aglomerado de Tucumán exhibe un índice de irregularidad crediticia que supera el 18% de los hogares, al tiempo que sus ingresos medios se ubican un 21,8% por debajo de la media del país. Esta dura realidad local se enmarca en los hallazgos del último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), titulado «Morosidad récord: un problema de ingresos», el cual advierte que el endeudamiento de la población no responde a una expansión del consumo sino a la imposibilidad de afrontar el costo de vida cotidiano, tras la caída acumulada de los salarios reales y los desproporcionados aumentos en las tarifas de los servicios públicos básicos.
Al desglosar la correlación entre la devaluación del ingreso y el incumplimiento financiero, el estudio técnico de CEPA demuestra que las jurisdicciones con remuneraciones más deprimidas en comparación con el promedio nacional registran las tasas de morosidad más elevadas. En el caso específico de Tucumán, con salarios que resultan un 21,8% inferiores al estándar del país, la mora en las obligaciones financieras de las familias alcanza el 18,7%. Este indicador sitúa a la provincia en una franja crítica compartida con otros distritos del Norte Grande como La Rioja (con salarios 31,5% por debajo de la media y un 23,1% de morosidad), Santiago del Estero (ingresos 29,2% inferiores y 18,1% de mora) y Misiones (con salarios 29,7% más bajos y un 16,9% de mora).
Morosidad en niveles históricos y brecha tarifaria
A escala general, el documento de CEPA confirma que el nivel de irregularidad crediticia alcanzó proporciones históricas durante el período analizado. En el sistema financiero bancario, la morosidad de los hogares trepó al 13,0%, una marca que únicamente encuentra precedente en la crisis socioeconómica de 2001. Aún más grave es el escenario en el sector no financiero y de billeteras virtuales, donde el ratio de mora se disparó al 33,9%, superando incluso los picos registrados durante la pandemia.
El análisis económico atribuye este fenómeno al deterioro sistemático de la capacidad adquisitiva. Desde el inicio de la actual gestión nacional, el salario real de los trabajadores registrados acumula una caída constante del 14,3%, mientras que la masa de recursos (considerando salarios y jubilaciones) sufrió una pérdida acumulada de 8,3 puntos porcentuales. «Este fenómeno coincide con un aumento sostenido de la morosidad de los hogares […]. En concreto, el endeudamiento atrasó los efectos del ajuste», señala el informe.
La brecha entre el costo de vida y los salarios se profundizó severamente debido a la desproporción frente a los servicios esenciales. Mientras los salarios registrados acumulan una suba del 253% desde enero de 2024, los incrementos tarifarios corrieron muy por encima de ese guarismo: el gas subió un +2.071%, el transporte un +1.442%, el agua un +544% y la electricidad un +393%.
A quiénes afecta el endeudamiento
En lo referente a la caracterización demográfica, la investigación determinó que la mora golpea de lleno a la población económicamente activa y a los sostenes de familia. El 71% de las personas en situación de morosidad son jefes y jefas de hogar de entre 25 y 54 años, concentrando el 70,7% de la mora total del país. En tanto, la franja etaria de 35 a 44 años concentra el mayor volumen monetario de incumplimiento, acumulando 4,63 billones de pesos en deuda irregular (equivalente al 30,6% del monto moroso global).
