Con un precio promedio de $18.500 el kilo, el producto estrella de las mesas locales aumentó un 65,3% en el último año. Según un informe de Ciccra, el consumo anual por habitante perforó el piso de los 46,2 kilos, la cifra más baja de las últimas dos décadas.
La identidad gastronómica de la Argentina sufre un golpe drástico empujado por el bolsillo. El precio promedio de la carne vacuna alcanzó los $18.500 por kilo, registrando un incremento del 65,3% entre marzo de 2025 y marzo de 2026. La cifra enciende las alarmas del sector ya que duplica la inflación acumulada en ese mismo período, que se ubicó en el 32,6%. Este desfasaje se convirtió en el principal motor de una crisis de consumo: el promedio anual por habitante cayó a 46,2 kilos (una baja interanual del 6,8%), consolidando los peores registros de los últimos 20 años.
La encrucijada exportadora
El drástico cambio de escenario responde, en gran parte, a las nuevas reglas del juego macroeconómico. La reducción de impuestos a la exportación y la eliminación de las cuotas de producción —medidas que antes contenían los costos internos— volcaron a los productores hacia el mercado internacional. Al alinearse los precios domésticos con los valores externos, la oferta para el consumo local disminuyó y los precios en el mostrador se dispararon.
Actualmente, las exportaciones se ubican en 122.000 toneladas (por encima de las 116.000 del año anterior). A esto se suma un cambio estructural en los campos: se está estandarizando la faena de animales más pesados y grandes, reteniendo vacas para intentar recomponer el stock ganadero a futuro, lo que recorta la disponibilidad inmediata de mercadería.
Cambio obligado de dieta
El encarecimiento de los cortes tradicionales obligó a los consumidores a modificar bruscamente su menú familiar. El clásico asado del fin de semana viene siendo sustituido de forma masiva por opciones más económicas como el pollo y el cerdo, relegando a la carne vacuna a ocasiones especiales.
«A mí me gustaría aumentarles a mis empleados, pero no puedo. Hay un tema de ánimo, y para mí ese ánimo es consumo. No me imagino una economía animada para los próximos dos años», graficó con preocupación Hernán Méndez, un carnicero que emplea a más de 30 personas y que sintetiza la parálisis que vive el rubro.
