3 octubre, 2026
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Tras la histórica epidemia de 2023-2024, especialistas remarcan la importancia de trabajar en los meses previos mediante el control vectorial, la vigilancia y la vacunación.

El dengue se consolidó como uno de los principales desafíos sanitarios a escala global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la enfermedad mantiene una expansión sostenida: pasó de medio millón de casos reportados en 2000 a 14,6 millones en 2024. Entre los factores asociados a ese crecimiento figuran el cambio climático, la urbanización acelerada, la movilidad de las personas y la expansión del mosquito Aedes aegypti.

En la Argentina, la temporada 2023-2024 marcó un punto de inflexión. El país atravesó la mayor epidemia desde que existen registros epidemiológicos modernos, con más de 580.000 casos confirmados y 419 fallecimientos. El brote mostró que la circulación del virus amplió su alcance geográfico y que las condiciones de transmisión se extienden durante períodos más largos del año.

Factores de riesgo en el norte argentino

Aunque el dengue avanzó sobre nuevas regiones, el norte argentino conserva factores que elevan el riesgo. El Noreste Argentino (NEA) y el Noroeste Argentino (NOA) combinan clima favorable para el vector, cercanía con países endémicos, fuerte movilidad poblacional y cambios socioeconómicos que alteran la dinámica de exposición.

En varias provincias del norte, el crecimiento de actividades vinculadas con la minería, la energía y otras industrias impulsó la llegada de trabajadores y el desarrollo o expansión de centros urbanos, elevando la circulación entre regiones y con el exterior. A esto se suma la extensa frontera con Paraguay, Bolivia y Brasil, países donde el dengue mantiene circulación desde hace décadas.

Las proyecciones climáticas, incluyendo la incidencia de fenómenos como El Niño, también forman parte del análisis al incrementar la probabilidad de lluvias intensas o sequías que favorecen el almacenamiento inadecuado de agua y la proliferación de criaderos.

Estrategias de prevención y vacunación

Los especialistas plantean que la preparación no debe limitarse a la respuesta asistencial, sino enfocarse en los meses previos al período de mayor actividad del mosquito. Entre las acciones esenciales figuran:

  • La eliminación de criaderos domiciliarios y la limpieza de recipientes que acumulen agua.
  • El mantenimiento de tanques y reservorios.
  • El uso de repelentes y la colocación de mosquiteros.
  • La consulta médica temprana ante síntomas compatibles y el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica.

Como parte de una estrategia combinada, en la Argentina está disponible la vacuna tetravalente desarrollada por Takeda y aprobada por la ANMAT para personas a partir de los 4 años. El esquema consta de dos dosis separadas por 90 días para brindar protección frente a los cuatro serotipos del virus.

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