Con un endeudamiento récord y una caída en los índices de confianza, el oficialismo enfrenta mayores dificultades para negociar nuevas reformas clave en el Congreso de cara a las próximas metas electorales.
El Gobierno nacional enfrenta una disyuntiva compleja: mantener un modelo de crecimiento sostenido principalmente por la minería y la energía —actividades que generan un fuerte ingreso de divisas— o concentrar mayores esfuerzos en los sectores tradicionales vinculados con el empleo y el consumo interno.
La analista Mora Jozami advierte que la menor inflación no garantiza, por sí sola, una mejora inmediata en la capacidad de compra. En numerosos hogares, el financiamiento comenzó a funcionar como una extensión del salario ante la imposibilidad de afrontar todos los gastos con los ingresos mensuales.
Un endeudamiento en niveles históricos
El peso de la deuda de las familias alcanzó el nivel más elevado de la serie histórica que el Banco Central inició hace dos décadas. Cerca del 80% de esas obligaciones corresponde a tarjetas y préstamos personales, una composición que sugiere que buena parte del dinero se destina a sostener el consumo y pagar compromisos corrientes, en lugar de financiar inversiones o bienes durables.
“Hoy el crédito no impulsa crecimiento: se usa para llegar a fin de mes”, sintetizó Jozami, directora de la consultora Casa Tres.
Los datos del Banco Central también muestran una elevada penetración del financiamiento: al cierre de 2025, unos 20,3 millones de personas registraban deudas y las tarjetas constituían el instrumento de mayor alcance, con 14,8 millones de usuarios, seguidas por los préstamos personales, con 11,9 millones.
Para GMA Capital, el deterioro de la calidad crediticia revela que la economía doméstica continúa bajo presión pese a las primeras señales de estabilización. El alto costo del financiamiento, la contracción real del crédito personal y el crecimiento de la morosidad reducen el margen de maniobra de las familias.
El impacto en el escenario político
Ese diagnóstico también comienza a proyectarse sobre el escenario político. Nery Persichini, economista de GMA Capital, considera que la brecha entre los resultados macroeconómicos y una microeconomía todavía exigida ya impacta en la valoración pública del Gobierno.
La última medición de Atlas Intel-Bloomberg citada por la consultora ubicó la desaprobación de la gestión en el 54,7%, frente al 47,7% registrado en diciembre. El deterioro también alcanzó a parte del electorado de La Libertad Avanza: entre quienes votaron al oficialismo en las últimas elecciones legislativas, la calificación “mala” o “muy mala” aumentó del 2% en diciembre al 9,3% en julio.
Por su parte, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella retrocedió en julio un 6,5% mensual, una caída que anuló con amplitud el crecimiento del 3,9% observado en la medición anterior. El desgaste fue particularmente intenso entre los jóvenes de 18 a 29 años, grupo en el que el indicador descendió de 2,18 a 1,68 puntos.
La evolución de esos índices adquiere relevancia en un momento en el que la administración de Javier Milei necesita conservar respaldo político para impulsar nuevas reformas en el Congreso. Durante la última semana, el Senado aprobó la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, aunque el oficialismo debió retirar los capítulos que modificaban la Ley de Tierras y la Ley de Manejo del Fuego.
Desafíos hacia el futuro
Para Gustavo Córdoba, director de Zubán Córdoba y Asociados, la recuperación del ingreso disponible será decisiva en el camino hacia las elecciones presidenciales de 2027.
“Si no logra recuperar el poder adquisitivo de las familias, la reelección de Milei puede quedar en veremos”, advirtió.
El consultor también cuestionó la respuesta oficial ante el sobreendeudamiento, aludiendo a las declaraciones del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, quien atribuyó el problema a decisiones tomadas por los particulares. Córdoba recordó que Milei lleva tres años anticipando una mayor disponibilidad de crédito, pero advirtió que el financiamiento actual no está generando una expansión sostenible, sino que opera como un recurso de emergencia.
La tensión central radica, por lo tanto, en que la estabilización de algunos indicadores convive con salarios debilitados, consumo retraído, crédito costoso y un endeudamiento récord. Mientras esa mejora no llegue a los presupuestos familiares, la recuperación macroeconómica continuará encontrando su principal límite en la vida cotidiana.
