Ante la falta de red eléctrica, un habitante de Piruaj Bajo compartió su energía solar para que todo el pueblo viera el Mundial.
Para Ronald Salazar, ver a la Selección Argentina no es solo una cuestión de fútbol, sino un ejercicio de comunidad. En Piruaj Bajo, una alejada localidad del norte de Santiago del Estero donde la red eléctrica aún no llega, este trabajador de 41 años decidió abrir su casa para que vecinos, amigos y familiares pudieran ver el duelo mundialista ante Austria. Con una instalación alimentada exclusivamente por paneles solares y una conexión a internet compartida, su hogar se convirtió en el único «estadio» posible para una comunidad que, lejos de los servicios básicos, sigue apostando por sostener los lazos y la pasión por el equipo nacional.
UNA PASIÓN QUE DESAFÍA LA FALTA DE INFRAESTRUCTURA
La iniciativa de Ronald no estuvo exenta de riesgos técnicos. Para poder ver el partido, la casa debió superar varios obstáculos:
- Energía limitada: El sistema de paneles solares depende del clima. Tras varios días nublados que dificultaron la carga de baterías, Ronald decidió priorizar el televisor por sobre otras necesidades del hogar.
- Conectividad compartida: Internet llega al pueblo gracias a una red distribuida entre varias familias. La estabilidad de la señal es un factor constante de incertidumbre.
- El recuerdo del pasado: Ronald compara la actualidad con su infancia, cuando para ver un partido debía viajar kilómetros hasta San José del Boquerón y regresar de madrugada.
«Si uno tiene la posibilidad, comparte», resume Ronald sobre su decisión de convertir el living de su casa en un espacio común.
UNA COMUNIDAD QUE ESPERA EL CAMBIO
Más allá de la emoción por el Mundial, el relato de Piruaj Bajo expone una demanda latente: la llegada del tendido eléctrico. Para Ronald y sus vecinos, la luz no solo significaría mayor comodidad, sino también la posibilidad de incorporar herramientas de trabajo y desarrollar nuevas actividades productivas que hoy, en pleno 2026, siguen siendo un sueño postergado.
